Años de sexo sin un beso.

Compartido

Lo conocí en el 2004, estaba recién llegado a Estados Unidos… recién comenzaba una nueva vida como Inmigrante en el país del norte, con muchos sueños, con muchos miedos, con muchas expectativas sobre un mejor futuro, pero muy herido, muy aniquilado porque mi primer gran amor me había dejado por otro, me sentía vacío, me sentía angustiado.

Miguel llegó a mi vida un día de fiestas en una discoteca gay de la época en Miami, recuerdo que nos vimos en el parqueo del sitio e inmediatamente nuestras miradas se cruzaron para no desprendernos más el uno del otro. Conversamos rápidamente, estábamos ansiosos y nerviosos debido a la descarga de adrenalina que corría por nuestros cuerpos. Así comenzaba nuestra historia.

Intercambiamos números de teléfono ese día. Luego al cabo de ciertas semanas fue nuestro primer encuentro, en este caso en mi casa, en mi hogar, en el hogar con compartía con mi nuevo novio… Miguel se presenta a nuestra primera cita de amor, lo recibo con un abrazo y le digo que mi novio no se encuentra en casa, Miguel se sorprende pero se deja llevar por la dinámica del momento, nos abrazamos, nos comenzamos a tocar y pasó lo que tenía que pasar, nuestros cuerpos se unieron con una química impresionante, nuestras pieles irradiaban chispas de conexión, sabíamos que no podríamos desligarnos tan fácilmente de ese primer encuentro.

Pasan los días, y ese sabor a cuerpo no se quitaba de mi mente, sabía que ese encuentro tenía que repetirse, mi mente estaba obsesionada con su cuerpo, por el momento yo solo quería sexo, mi mente no aceptaba otra cosa más que eso. Pensaba que Miguel estaba en las mismas, sabía que tan pronto me vería, me tocaría y tendríamos sexo, no había un más allá, solo un deseo…

Nos volvimos a ver en otra ocasión a escondidas de mi novio, nos tocamos, hicimos el sexo, el deseo sexual era cada vez más intenso… Nuestros encuentros se fueron repitiendo semana a semana, quizá cada dos semanas, quizá más esporádico, pero es que no podíamos dejar de vernos… Estábamos enredados en una situación de deseo y química sexual que no puedo describir, cuando estaba con Miguel, el ego se desvanecía, las ganas aumentaban y la mente se aquietaba.

Seguimos viéndonos en moteles, en mi casa, en su casa, por mucho tiempo, para ser exactos por seis años. Durante ese tiempo quizá estuvimos juntos más de 50 veces, con la misma intensidad, con el mismo anhelo, con las mismas ganas de tocar su cuerpo…

En ese transcurrir del tiempo yo termino con mi novio y aun continúo enganchado en los encuentros casuales con Miguel. Él sabe que ya estoy libre de compromisos, sin embargo, su actitud no cambia, solo me ve como un objeto sexual con quien la pasa bien. Quizá es mi culpa, después de seis años aún no lo sé.

Han pasado seis largos años, muchos encuentros sexuales, mucha pasión, pero no hay besos, no hay caricias, no hay comunicación, solo pocas palabras después de terminar el sexo. Me involucré mucho en el juego de ese amigo con beneficios, ahora quiero más que eso… Quiero un beso, quiero sentirlo un poco más cercano, quiero hablar más de nuestras vidas, sin embargo, Miguel está cerrado, no quiere besarme, el rechazo a besarme y darme caricias me causa estupor y muchas veces enojo, sin embargo, aún sigo insistiendo.

Un día de esos en el 2010 nos vemos como tantas veces, esta vez en mi casa de soltero, abro la puerta, trato de abrazarlo, y me rechaza, lo que ha visto no le ha gustado, me increpó porque tenía un pequeño herpes en el labio producto del stress de mi trabajo, le explico la situación, pero no vale de nada. Me siento rechazado una vez más después de tantas veces suplicarle un beso o una caricia. Miguel de mi casa se iría. Pero, antes lo enfrento, me desahogo, le digo que es el colmo que después de probar tantas sensaciones en la alcoba por seis putos años no quiera darme un beso!.  Miguel no discute, permanece callado, me mira, y se da la vuelta, para no verlo más!

Han pasado cinco años, es 2015. Miguel permanece en mis pensamientos, ese deseo sexual no disminuye, continua en mi cabeza y en mis adentros. Su ego, mi ego, no hay conexión alguna por teléfono, solo el recuerdo de haberlo tenido por mucho tiempo.

Corría el 2015, asistía a un curso de crecimiento personal en una iglesia cercana a mi casa, abro la puerta del salón de conferencias y allí lo encuentro. Nos saludamos, nos damos la mano, lo miro con mucho cariño, ya es otro momento. Miguel me mira con el mismo sentimiento, quizá ya no es el encuentro sexual de siempre, vernos, tocarnos y hacerlo. Hoy es mucho más que eso. Por primera vez en 11 años conversamos más extensamente y en otro escenario, lejos de las sabanas, lejos de la lujuria, lejos del desahogo y las ganas de poseer nuestros cuerpos. Miguel y yo nos despedimos con una sonrisa pintada de cariño y nostalgia, lo vi muy bien, lo vi muy sereno. Sin embargo, ya creo que no seré más nunca su encuentro.

Así lo asimile, intercambiamos esa noche como muchas veces nuestros números de teléfono, lo invite un día a mi casa, conversamos, tomamos una copa de vino, disfrutamos de una rica comida, hablamos mucho, hablamos muchísimo, hubo mucha empatía, mucha comunicación, lo conocí como persona y valioso ser humano por primera vez en 11 años, nunca hablamos como ahora, solo era sexo, pasión, química y desenfreno desde que nos conocimos esa noche de fiestas en el 2004… Quería pedirle un beso esa noche, quería abrazarlo, quería acariciarlo, pero no me atrevía, solo que no quería que su rechazo nuevamente hiciera que mi corazón perdería.

Miguel se fue esa noche de mi casa y nunca pasó nada, me quedó un sin sabor, una mezcla de sentimientos, sabíamos ambos que estábamos solteros, sin embargo, nuestros cuerpos no pedían pasión ni desenfreno, solo amistad quizá, no lo sé. A estas alturas, ni siquiera se lo pregunté, creo que yo también me bloqueaba, así como sus besos y sus caricias bloqueadas durante tantos años también lo estaban.

Después de verlo esa noche, me fui del país por casi año y medio, volvimos a perder la comunicación, ya no pensaba tanto en él, quizá era mutuo, de vez en cuando hablaba de él con un amigo que sabía de su existencia en mi vida y lo tan importante y trascendental que en mi corazón convivía.

Regreso a Estados Unidos en el 2018, y luego de ciertos días navegando por una aplicación gay, veo un perfil cercano al área de donde vivía. Le escribo a ese perfil, no tenía cara, intercambiamos un “Hola”, yo tomo la iniciativa y le mando mi foto de cara, hasta ese momento no sabía que quien estaba del otro lado del teclado era la persona con quien había tenido el mejor sexo en mi vida.

Era Miguel, si el eterno Miguel, ese que me escribía luego de perder el contacto desde que me fui de Miami, que no sabía por qué no podía desprenderse de mí.. no entendíamos entre mensajes de texto por que el destino se empeñaba en que siguiéramos en comunicación. Lo sentí más maduro, igual él lo sintió de mí. Queríamos vernos nuevamente, queríamos hablar, quizá queríamos recuperar 14 años de solo buen sexo.

Miguel me invitó a su casa, fue un caballero, yo estaba ansioso a tan esperado encuentro. No sabía que podría pasar, solo sabía que quería verlo. Miguel abrió la puerta, nos hablamos, nos abrazamos por segunda o tercera vez en la vida en 14 años!

Lo vi más maduro, ya tenemos 43 años, con más pelitos grises en su cabeza, pero siendo el mismo Miguel. Nos bromeamos de la edad, le confesé que Él ha sido el mejor sexo de mi vida, me miró atónito, no sabía que decir, solo yo sabía que sus ojos brillaban como el primer día.

Yo sentía que nuestro ciclo se estaba cerrando, que la vida afortunadamente nos había dado la oportunidad de resolver muchas incógnitas en nuestra relación tan poco común y tan especial. Yo tomé la iniciativa de preguntarle muchas cosas que hasta ahora luego de 14 años me seguía preguntando, la más importante y la que me causaba impotencia la tenía en mis labios a punto de expresarla, y se la pregunté de esta manera:

Miguel, quiero preguntarte y necesito una respuesta desde el fondo de tu corazón. ¿Por qué nunca quisiste besarme o acariciarme mientras teníamos sexo?

Miguel respondió, porque cuando te vi por primera vez en esa discoteca 14 años atrás, te vi muy bonito, y quizá pensé en que podría surgir algún sentimiento más adelante..

Le replique, ¿y que paso que te hizo adoptar esa actitud de rechazo a mis besos?

Bueno, pues cuando te fui a visitar por primera vez a tu casa y me dijiste que tenías pareja, mi mente  y mi corazón se bloquearon, quizá hubiésemos sido novios si hubieses estado soltero, no lo sé, solo sé que te comencé a ver desde ese día como un objeto sexual sin sentimientos ni apegos, solo eso, un cuerpo.

Ante esa respuesta mi corazón y mi mente estaban procesando su contundente respuesta, no sabía que decirle a Miguel después de esto, solo sé que sentía que habíamos perdido 14 años quizá de una relación sentimental, quizá duradera, quizá para toda la vida, en este punto todavía me lo estaba preguntando.

Eran las 12 de la medianoche, era un día entre semana, continuamos tomando un ron cubano, y conversando esa noche memorable de acercamiento, tuvimos sexo por enésima vez después de mucho tiempo, por lo menos yo me sentía como en una máquina del tiempo, y con muchas emociones encontradas, pensando mientras lo tocaba, que la pasión y la química no se desvanecía, al contrario, se fortalecía.

Esa noche inolvidable quedó sellada en mi corazón como la primera vez en 14 años que Miguel me acariciaba y me besaba con su corazón y su mente que en mi pensaba, ya no como objeto sino como un ser humano que pedía a gritos un beso que tanto necesitaba.

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