La tercera siempre sale sobrando

Compartido

Si no te conoces a ti misma, como esperas conocer a alguien más.

Que tal suerte del carajo por mi mare’

 

¡Hola! (2:37 a.m.)

Mi tercer té de arándano calientito y yo, estamos aquí, una vez más, como cada jueves, para contarte otra de ESAS historias. Esta en particular, es una que recuerdo vívidamente y que llevo como una marca, una cicatriz o un tatuaje de chibola que salió hasta las huevas.

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“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”. Forrest Gump.

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 Todas tenemos amigas. Las hay de todo tipo.

– Oye! Cuanto tiempo que no te veo. ¡Que tal ingrata del carajo! ¿Qué andarás haciendo?                                                                                                 – Tú webona, que siempre andas full, ya no tienes tiempo para las amigas.                                                                                                                     -¡Ya, basta, después me reclamas, ¡cuéntamelo todo! ¿Cómo has estado? ¿Tu papi, tu mami, tu hermana? ¿Sabes de alguien del cole? ¿Sabes que le pasó a Martita no? Se separó de su flaca de mil años, y la chica se quedó con la casa, el carro y ¡hasta con el perro! Una cagada no poder casarse en este país, confías y ¡fuiste!                                                               – ¡No jodas! Cuéntame al detalle y exagera.

(Estas son las que conoces de toda la vida, que no ves casi nunca, pero que cuando se encuentran (#AyCarajose arma el despelote y las horas vuelan poniéndose al día).

                                                         

– Asu, ayer que tal juerga, pero ¿ahora hacemos algo tranqui no?

– Pucha, si, no vuelvo a chupar así. Fácil una peliculita mas tarzán.

– Ya. Oye, y ¿qué vamos a hacer el finde?

– No sé pues, hay que buscar algún tono o algo.

– Sí, ahora chequeo eventos. Pero vente ahorita, desayunamos, almorzamos y vamos de compras.

– Ya, ducha y voy.

(Estas son de las que conoces por allí y hay tanta, pero taaaanta química, que se pegan como chicle, con las que te pasas una temporada de arriba a abajo, las típicas inseparables, pero que por alguna razón, de pronto salen de tu vida).

                                                          

– ¡Hapla causa! ¿Qué tal? ¿Cómo has estado?

– Bien, bien. ¿Qué talco? ¿Cómo andas? ¿Tu flaca?

– Ya fue ya, ¡estoy solterita!

– Uy carajo ¡Qué miedo! ¡Salud por eso!

– ¡Salud!

(Cabe resaltar a estas que son conocidas que parecen amigas, que casi siempre conoces por fiestas o disco, conoces su apellido porque la tienes en Facebook. De las que te abrazan y abrazas como a tus yuntas del alma. Siempre quedan en verse, pero nunca sucede, ni sucederá).

                                                          

– Holiiii.

– Hola nenita. ¿Qué tal tu día?

– Cansado. Acabo de regresar a casa. Quiero dormir temprano 🙁 ¿Vamos al teatro mañana?

– Claro. Hay una obra que me gustaría ver contigo 🙂 ¿Te parece si compro las entradas y te recojo del trabajo?

– Sí claro. Un besito.

– Dos preciosa.

(Estas son las amigas que te quieres comer con todo y zapatos. Nunca se puede. Siempre tiene novia ella o tú. Comparten mucho. Se hacen las cojudas. Correrías a las cinco de la mañana si te dice que tuvo una pesadilla o quiere que mates una puta cucaracha. Hay un “feeling” especial entre las dos, siempre lo habrá).

                                                          —

Pensándolo bien, hay un sin número de tipos de amigas o que consideras amigas en algún momento.                                                                                     Hay de las que te necesitan sólo para contarte sus problemas.                       Las que son tus patazas, te piden plata y desaparecen.                                     Las que te llaman a horas inusitadas para juerguear o “hacerla” en tu jato (#UnaWebadaEstasPendejas).                                                                              Ah! y claro, también de las que parecen tu flaca, pero que no tocarías ni con un palo. 

Yo tuve y tengo casi todas. 

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La XIII Marcha del Orgullo de Lima, realizada el sábado 28 de junio pasado, estuvo increíble. Realmente que orgullo ser lesbiana y salir a marchar carajo

Fuimos en mancha, con la gente de La Mezcla, primer canal LGBTi latinoamericano que dirijo. Cubrimos el evento con nuestras cámaras, bailamos, celebramos el acontecimiento y nos encontramos con entrañables amigos. 

En medio de la algarabía, las banderas multicolor y el pecho hinchado de emoción, una cara muy conocida para mi, pasaba entre la multitud con cara de perdida. La reconocí de inmediato, era Natalia Valverde

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Conozco a Natalia desde la primaria del colegio. (#EstoyViejaCsm)                 Fuimos casi todos los tipos de amigas.                                                               Al comienzo no nos llevábamos tan bien (yo la molestaba y ella lloraba). En la secundaria ella ganaba los premios de matemáticas mientras yo los de arte y música.                                                                                                       Teníamos distintos grupos de amistades. Tan distintos, que queríamos hacer una fiesta y viaje de promoción diferente al suyo. 

Tiempo después, saliendo del colegio, me la encontré en la misma facultad de la universidad y nos hicimos inseparables.

Cuando le dije que me gustaban las mujeres, muriendo de vergüenza socialmente impuesta, ella se quedó en silencio unos segundos poco más que eternos y rompió a carcajadas. A ella también le gustaban. 

Yo no salía sin ella y viceversa, la línea telefónica era un gritada fija de nuestros viejos, que no entendían de que carajos podíamos hablar tanto si nos veíamos todos los días. 

Si no la veía por alguna razón, la extrañaba como si me faltara un brazo.         Era detallista, cariñosa en exceso, graciosa hasta dejarte la boca destendida de tanta risa, y salvajemente sincera. Tanto o más que yo. 

Ella tuvo novia primero y duraron cuatro años, meses más tarde, yo empezaría una relación de seis años con la chica de la que siempre les hablo, creadora indirecta de esta azarosa vida, contada en este blog

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Cuando Natalia y yo nos volvimos a encontrar, ambas solteras, lo primero que hicimos es ir de “pezca“. Horas mas tarde, sin pescaditos, ni anzuelos, ni “pa’ los frijoles“, fuimos a mi casa caminando. 

Recuerdo claramente esto. 

Durante el camino, la risa y la madrugada, me dijo: 

– Tengo suerte de contar con tu amistad. Siempre vas a ser mas que mi mejor amiga, mi hermana. Puedo confiar en ti, mas que en mi misma. 

Respondí: 

– Si quieres tirar, mejor dime directamente que me amas y la pienso.

Nos reímos, caminamos abrazadas, sintiéndonos acompañadas y dormimos esa noche hechas trapo.

Otra vez éramos esas amigas como “uña y mugre“, “papas y ketchup“, como “Nopo y Gonta” 😀 (¡He! chirú kana… ¡He! chirú kana… ¡¡¡hake hake hokooooo!!!)

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Un día, ni muy lejano ni tan cercano, conocí a una bailarina de ballet. Chatita, ricaza, linda la petiza. Cuando la vi bailar en una obra musical, después de un par de meses de salir con ella, decidí pedirle que sea mi chica. No estaba tan segura, pero era inevitable quererla. Ella era muy sociable, se llevaba bien con todo mundo, era un piraña más del grupete, y eso me encantaba.

Pronto hizo una conexión amical fortísima con Natalia, mi yunta, mi causa, mi hermana, que me andaba jodiendo con que “la flaquita era mucho barco pa’ tan poco marinero“. 

Y así empezó una de las peores cosas que me han pasado hasta hoy.

                           (#AySantaCachuchaPorqueErestanChucha)

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Andábamos las tres pa’ todos lados. La petiza y yo nos llevábamos genial. (Creo que me estaba enamorando).

Nos fuimos de viaje, de paseo, de parranda, hacíamos comidita juntas, jugábamos play, etc.                                                                                                 Yo no podía estar mas feliz. Mi flaca y mi mejor amiga, la mejor combinación para mis días, distrayendo esos instantes en que aún el recuerdo de mi ex, zapateaba y bailaba “tap” en mi cabeza. 

Un sábado, quise darle una sorpresa a la petiza, y fui a esperarla fuera de su taller de baile con unas flores muy bonitas. Me sorprendí al ver parada aNatalia allí.

– Nella: ¡Oe! ¿y tú? ¿Qué tal? ¿Qué haces por acá gordita? 

– Natalia: Ho…la. Nada, estaba pasando por aquí y me acordé que a esta hora sale la petiza y quise venir a saludarla.

– Nella: Ah ya. La esperamos y vamos a comer alguito por allí no?

(#QueTalImbécilPorLaRcsm). 

Ese día debí darme cuenta que algo sucedía. Natalia había reaccionado… tan extraño. 

Empezaron a pasar pequeñas cosas. Natalia ya no quería ir a mi casa por muy malas excusas. La petiza no tenía tanto tiempo disponible como antes.Natalia no contestaba mis llamadas. La petiza tenía que ensayar más y usaba los fines de semana para ello. 

Empezó a torturarme una sospecha. Habían unas habas bien verdes cociéndose en ese caldo. Sentía clarita una incomodidad que se iba acomodando en mi frente, que iba creciendo, a centímetros de llegar al techo.

           (#LosCuernazosDeAlceQueMeEstabanMontandoPues).

Los detalles a continuación son simples. 

Las vi en pleno besuqueo, casi intento de tire con todo y arrinconada, un jueves que no podía dormir y que decidí ir sola a tomarme un Red bull al “Vale Todo”

Yo sabía que la petiza me estaba cagando, pero jamás me imaginé que conNatalia. Nunca, jamás, nunca… jamás.

No puedo explicar exactamente lo que sentí, ni por quien sentí mas tristeza en ese momento. Recuerdo haber caminado hasta Mc. Donalds con las piernas temblando, con frío siendo verano, con el corazón hecho añicos. 

Ellas no me vieron esa noche, ni volvieron a verme después.                          Si los X-man me preguntaran cual es mi habilidad, les diría que el de “desaparecer. Soy muy buena en ello.

Sé que iniciaron una relación que duró tres meses. 

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¡Hola! Cuanto tiempo. Dime algo Natalia¿Valió la pena? 

 

Marianella Castro Robles.

 

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