Cuerpos amados: Reseña de Mi cuerpo es político.

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“Cada posicionamiento vital es la práctica filosófica y política más radical”, pensó Althusser.

Alguien se mira al espejo en algún momento y lo que ve, lo que la luz refleja, no es lo mismo que lo que nosotros alcanzamos a percibir: es un rastro de lo que podría ser, de lo que quisiera ser habitado, de la protección que quisiera levantar a su alrededor.

Los protagonistas de este retrato conjunto, Mi cuerpo es político, de Alice Riff, habitan una triple periferia: favelas de São Paulo con trabajos precarizados, una disputa política por sus derechos sociales, y la búsqueda para encauzar sus cuerpos a su deseo y género, a fuerza de decisión y batallas íntimas.

Ellos luchan a diario contra ese reflejo que los mantiene al margen de lo único propio.

Sus nombres son una imposición: artículos y pronombres, equívocos. Sus cuerpos, su única propiedad, están habitados por fantasmas. Dentro, la pregunta de la identidad y los cuerpos que deciden su forma, la manera en la que se moverán, hablarán y serán nombrados. Frente a la convención de la lengua y al género binario, proponen un debate continuo de la situación y los problemas de la comunidad LGBTQ+, no académico ni teórico, sino desde la educación y el posicionamiento.

Para que las palabras no hieran, hay que hacer del cuerpo el margen que deje fuera conceptos y juicios. Eso, precisamente, entrelaza las historias en este documental: aquello ajeno que se vuelve propio a base de cambios, sororidad y empoderamiento en comunidad. Esos cuerpos políticos son construcciones, andamios, casas a medio hacer, que a través de disputas físicas, legales y lingüísticas, nos acercan a los márgenes sociales.

Sus nombres son una imposición: artículos y pronombres, equívocos.

Sus nombres son una imposición: artículos y pronombres, equívocos.

II
Mientras las tomas cercanas escasean, los planos amplios abundan; en éstos cada persona se mueve en su espacio cotidiano, entre conocidos y transeúntes de la ciudad. Los cuerpos se bañan, se miran, cocinan, platican con otros, van de fiesta, revisan sus notificaciones, fuman y esperan. Esperan, mayormente, solos.

Parecería sólo una decisión estética pero también podría haber un intento por mostrar continuidad entre el cuerpo y su contexto. Entre su imagen en una pantalla, dentro de otra pantalla. Así, los problemas de una persona son los de su comunidad, real y digital, que a su vez son los de un sector social más amplio.

Detrás de la puerta de la regadera, cuerpo y reflejo se confunden, se mezclan. Como en el documental se fusionarán las distintas visiones que tenemos de las personas. ¿Cuántas imágenes tiene un cuerpo? ¿Cuántas imágenes podemos formarnos de la misma persona? ¿Cuántos cuerpos habitamos?

¿Qué hay más allá del fascismo de la lengua y sus palabras, su binarismo de género y sus prejuicios?

Una de las personas dice frente a un grupo que hace teatro: “Interioricen las palabras para ustedes mismos”. ¿Cómo quieren ser vistos? ¿Cómo quieren verse? ¿Cómo quieren ser nombrados?

Una mujer trans habla frente a otras personas abogando por su derecho a ser mujer. Consciente de todos los aspectos y espectros que condicionan ser llamada así. ¿En qué espacio logramos acceder a la intimidad que nos define y sostiene como personas?

III
Un cuerpo es la geografía de su vida, los protagonistas lo saben, y por ello se aferran a eso, lo único que tienen. A esa precariedad, a esa forma, a sus deseos y cuerpos marginados, a la transformación que es, a su vez, una declaración de posesión de su propia identidad.

En este documental, reconocido en festivales de Italia, Suiza, Argentina y Brasil, no es la destrucción, sino lo que se logra salvar, lo que significa. La belleza de los cuerpos tal vez no resida en lo que dejan de lado, sino en aquello con lo que deciden tomar posesión y protegerse en comunidad.

Las palabras no lograrán a herir nunca a un cuerpo amado.