Destinos LGBT+ para el 2019: New York, Barcelona o París.

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En el recuento de lo que pasó en el 2018 con mis amigos, escuché algunas quejas del año; desde amores fallidos hasta crisis profesionales, pero quise contagiarles un poquito mi entusiasmo ¡no presumir! sino transmitirles mi energía porque el 2018 fue uno de los mejores de mi vida.

No sé si recuerdan, pero empecé con un viaje a Los Ángeles y a Puerto Vallarta, y unas semanas después, inicié un tour con Axel Hotels en el primer crucero LGBT+ del mediterráneo donde conocí por primera vez Barcelona, Roma, Nápoles e Ibiza, pero me quedé con ganas de más, y decidí regresar dos meses después para vivir Barcelona como Dios manda.

El asunto es que cuando llegué en octubre a la ciudad más importante de Cataluña, me enfermé de gripa, y esos 3 días que me hospedé en Barcelona, los perdí casi por completo, aunque les tengo que contar que también me trajeron algunas sorpresas que no esperaba.

Regresé a México y sentí una gran necesidad de vivir en Barcelona, y las cosas se fueron dando solas; fluyó tanto que casi no tuve que mover un solo dedo. Cuando menos esperé, estaba arriba de un avión rumbo a New York, donde tuve una conexión de un día para ver a una de mis mejores amigas y soulmates, así que me hospedé en Manhattan con el tiempo suficiente para celebrar mi cumpleaños e ir de shopping.

Ustedes saben que New York y yo tenemos una historia larga de amor y desamor, he vivido dos veces durante varios meses en la Gran Manzana, y mi primer gran viaje a Nueva York fue cuando tenía apenas 11 años… Justo ahí fue cuando me enamoré de sus calles y sus características tan únicas.

En esta ocasión, fui a Ladurée en Soho por el brunch del año (btw, prueben el té Marie Antoinette), y después fui a Brooklyn a surtirme de ropa vintage. Todo se complicó en esta parte del viaje, porque la ropa que compré era extremadamente pesada y claro, tuve que ponerme 5 chamarras y abrigos mientras abordaba el próximo avión para que no me cobrarán peso extra ¡y al final lo logré!

Llegué a Barcelona y jamás les podré describir lo que viví porque mis palabras se quedarían cortas, aunque lo intentaré. BCN es una ciudad diferente; es un lugar que se convierte en una forma de expresión y celebración para la gente joven. Siempre me contaron que la fiesta en Barcelona era como ninguna otra, pero no fue tanto la fiesta, sino los espacios donde podías contemplar, tomar vino o cerveza, y hablar durante horas de la vida con tus personas favoritas.

Les recomiendo visitar los Bunkers del Carmel, el Parque del Laberinto de Horta, el espectáculo de las Fuentes Mágicas, los bares del Barrio Gótico, la urbanidad del Raval, y por supuesto, todo lo relacionado con el gran Gaudí.


De todos los espacios históricos que he visto en mi vida, La Sagrada Familia ha sido el más hermoso, inesperado y tremendo por su construcción. Seguramente existen otros lugares en el mundo que cumplirán nuestras expectativas, pero éste, es un lugar que me dejó sin aliento por los detalles que esconde, y su descarada arquitectura que grita una gran falta de discreción.

En el intermedio, París fue como la cereza del pastel. Tenía 10 años sin estar en las calles de la capital francesa, así que recorrí nuevamente los jardines de Versalles, me subí a la Torre Eiffel (mi primera vez), y comí como the french guy that I’m not. Aunque la ciudad sigue siendo sucia y está llena de ratas, puedes sentir el amor en al aire… Aunque no tanto como en Barcelona.

París debió ser como un pequeño capitulo en el texto porque el recorrido fue breve, pero además, no puedo compararla con BCN; simplemente no sería justo. Seguro ya sabrán cuál lugar fue el que llenó más mis expectativas, entre olivas, vino, cerveza, paellas, tapas y pinchos. Aunque puedo decir con toda firmeza que New York lo llevo en la piel, París en la mente y Barcelona en el corazón.

Tres destinos a los que debes ir más de una vez, y que aseguro, jamás me cansaré de visitar.

¿Mi próximo destino? Un hermoso país de Latinoamérica, y espero, una gran ciudad en Japón.