Ema dice que no sueña

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II

 

Las últimas mañanas pienso y ella, presiento que también lo piensa, creo que últimamente sobre pensamos las cosas. Es así, que cuando nos despertamos ella me mira con los ojos arrugados, no me sonríe, ha pasado una mala noche, pensando, y yo cubriéndome media cara con la colcha, le digo que no debería pensar sino dejarse llevar por los sueños y ella abriendo más los ojos, insiste en que ella nunca en la vida ha soñado, ni siquiera despierta. Yo le digo que es imposible, que todos soñamos, sino que hay personas que nos se acuerdan al despertar, ella insiste en que no insista en tratar de convencerla porque no es cierto lo que digo, y termina diciendo que yo siempre quiero tener la razón y al final, me levanto sin mucho ánimo y la dejó sola. Cuando salgo de la habitación la miro por el rabillo del ojo, desde el marco de la puerta sin que ella se dé cuenta y pienso, en verdad si sueñas y también quiero tener la razón.

 

En este caso, si tengo la razón, ella no me deja dormir, aunque no se lo digo porque cuando amanece con el pelo enmarañado y toma agua con afán significa que no quiere hablar de lo que siempre pregunto después de hacer lo mismo que ella hace, beber del mismo vaso de agua. No sé porqué tenemos esa costumbre, yo debería tener mi propio vaso. Creo que al principio se sentía bien, pasarle mi brazo por encima, rozarle con vaho caliente el cuello, como tener una excusa para estar más cerca o incitarla a algo, y la excusa era tomar agua después de que ella lo hacía, se volvió costumbre, porque en realidad a mi no me da sed de agua, me da sed de sexo, pero no de agua.

 

Por eso cuando toma agua como si se fuera a ahogar, sé que si le pregunto qué soñó, ella ya tiene ese refunfuñar mañanero y me va a decir que no soñó nada porque ella no sueña y que no le pregunté por qué no sueña, porque ella ya me explicó que no sueña desde niña, sabe el año, mes, día, hora y el momento exacto. Cuando sufría de insomnio,  caminaba por las escaleras de la casa y se salía de la casa, al papá le tocó poner campanas para avisarle que ella estaba sonámbula y que se había salido a la calle.

 

Luego, yo le refuto diciendo que si era sonámbula porqué sufría de insomnio, ella piensa que la trato de boba y se levanta de la cama. Yo sabía que el año exacto: era 1997, que el mes exacto era abril, que la hora exacta era cinco a eme y el momento exacto había sido justo en medio de un sueño, en el que veía a su madre en una cama, que la cama se deslizaba hacia una luz, entre sopores oscuros, la madre estaba en la cama como si estuviera amarrada, y Ema corría pero no la alcanzaba, unas nubes densas la hacían retroceder con un viento extraño y la arena se le metía en los ojos, en el sueño la madre desaparece.

Ema, tiene doce años, se despierta agitada y en medio de sollozos, sale corriendo a la cama de sus padres, no hay nadie. Busca por todas las habitaciones y por fin encuentra a su padre llorando en la cocina, recostado contra la nevera, con el teléfono en la mano, su padre es de esas personas que no esconden sus sentimientos, la abraza. Ema sabe que su madre ha muerto y se culpa, por estar dormida soñando, no pudo despedirse.

 

Por:

Juliana Ramírez Plazas

(Jules Anyways)

 

Capítulo III el próximo sábado