Ema, el beso y la eternidad #CosasDeChicas

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IV

 

Ahora, ella se levanta antes que yo, me mira un rato y luego se hace la dormida, me despierto y espero que se despierte, pero ella con los ojos cerrados me dice que no me quiere ver a esa hora, esa hora que para mi es tan importante, porque a esa hora el sexo es más rico y saludable, así que empiezo a hacer ruidos, como si me estuviera masturbando para llamar su atención y ella me mira entre las cobijas y me dice que ha soñado algo, que si lo hago de verdad me cuenta. Yo le pregunto que si hago de verdad qué cosa, y ella me dice que de verdad me masturbe mientras ella me ve, eso me encanta de ella cuando me habla dándome órdenes, así que le hago caso.

 

En mi mente hay una fantasía, que por fin ella se despierte de buena gana y deje de pensar nimiedades, se acurruque y me susurre que tiene ganas, como cuando nos conocimos, en aquel bar, donde teníamos varias personas en común, pero nosotras poco o nada nos conocíamos, a mi me había llamado la atención que tenía el pelo rojizo y su mirada con el rímel corrido, a ella le había gustado mi manera de sonreír y expresarme con los demás.

 

Esa noche fue una delicia, empezamos a jugar que ya nos conocíamos, le decíamos a mis colegas que llevábamos viéndonos en un hotel hace un tiempo, que hablamos por ese chat y que ella me enviaba fotografías pervertidas con mensajes dulces para que yo no pensara que era una pervertida, yo le decía al oído que no me parecía mala idea que en verdad fuera muy pervertida, ella se reía y se arreglaba el pelo que le caía por la frente. Hacía ese juego con los ojos, de picardía y coquetería, me gustaba como se comportaba con los demás, era una loca coqueta, nos parecíamos un poco en ese sentido.

 

Recuerdo que por fin nos quedamos solas, y entre risas, nos miramos, y en un instante inesperado sin saber quién besó a quién, nos lanzamos en un beso que duró una eternidad, nos olvidamos de todo lo que pasaba a nuestro alrededor, de esos besos inolvidables, yo parecía drogada, sus labios eran suaves, aunque estábamos un poco tomadas, coordinamos todo o eso creíamos, era el momento exacto en que ambas desde diferentes perspectivas habíamos esperado vivir, desde el primer día en que nos habíamos visto, como si supiéramos que había algo que no se podía negar: atracción, o algo así.

 

En medio del beso, nos acariciamos, parecíamos de esas personas que solo les queda un día de vida. Con mi lengua erecta, le lamía el cuello, y le mordí el lóbulo de la oreja, ella hacía ruidos ligeros de gemidos, me metía la lengua en la boca, lo que más podía y yo se la chupaba, ella aún era más lanzada, me rozaba los senos metiendo la mano en la blusa, yo le cogía la cintura y la acercaba hacia a mí, estábamos sentadas pero yo ya no sentía el piso. Después de esa noche, pensé que no nos íbamos a volver a ver, sin embargo, el camino nos cruzó de nuevo.

 

Por:

Juliana Ramírez Plazas

(Jules Anyways)

 

Capítulo V el próximo sábado