La hija y la madre

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La hija

Sentada ve pasar las horas, la indecisión la mata, hoy será el día o será mañana. No se decide, se lo dirá a sus padres o tal vez sólo a su madre o solo a su padre.

¿Qué dirán sus hermanos? Y que ni se entere la abuela; qué bueno que el abuelo ya pasó a mejor vida, porque si estuviera aquí se vuelve a morir.

Hace varios años empezó a sentir cosas raras; y dice cosas raras porque las cosas que siente, su familia las ve raras, para ella eso es natural y normal, simplemente lo siente y ya.  Además en su familia tienen costumbres y creencias, que condenan su sentir, como si no fuera suficiente.

¡Auxilió! Grita desde el fondo de su ser, ¡Alguien ayúdeme! Hay veces que simplemente quisiera morir, esto es demasiado para ella, pero el amor la mantiene en este mundo. Pero por qué se tiene que sentir tan condenada por sentir tanto amor y felicidad cuando está con su pareja. Es cómo vivir entre el cielo y el infierno.

Ya se decidió, mejor será mañana, pasado mañana o la próxima semana, pero del siguiente mes no pasa.

 

La madre

Sentada ve pasar las horas, la angustia la mata, sabe que a su hija le sucede algo importante, muy en el fondo sabe lo que es.  Pero no, eso es impensable, simplemente no, eso no es natural, ni bueno, en la iglesia la condenarán, no irá al cielo; y qué decir de la familia y las amistades.  Ella sabe y siente que su marido también lo sospecha.

Ella prefiere nunca hablar con su marido sobre temas relacionados a la homosexualidad, y desde hace mucho tiempo tampoco hacen ninguna mención sobre el futuro amoroso de su hija; prácticamente evitan hablar sobre su hija en general.

¿Pero qué pasa? ¡Basta de pensar en esas locuras! Hay que cambiar de pensamientos, no vaya a ser que de tanto pensar en eso se materialicen las sospechas.  La madre sale de casa,  a tener cualquier actividad que le distraiga de esa realidad que nunca estuvo en sus planes.

 

Ma. Isabel Gavaldá.

Mai.