Tú Juegas Tus Cartas

Compartido

A veces puedo pensar, ¿me estoy comportando como mi propio enemigo?

 

La típica escena de las películas en las que aparecen dos copias de ti mismo, una subida a cada hombro, uno representa las buenas intenciones y otro las malas.

En realidad, es una simplificación del esquema interno que todos tenemos, y que muchos pensadores han llamado “el yo”, por un lado, y el “ser”, por el otro.

 

Ahora quitémosles las alas de ángel y la cola de diablo a nuestras copias en los hombros; de hecho, ya no los vamos a sentar en los hombros…

Al “ser” lo vamos a colocar en un sitio central del cuerpo, cerca del corazón; al “yo”, yo lo agrandaría, y lo pondría como si fuera un ente casi invisible que tiene el mismo tamaño que nosotros, un poquito más, y se vería como un halo superficial.

 

El “ser” es la esencia, es aquella configuración con la que vinimos a este mundo, movida por el amor; el AMOR sincero, no el apego, ni el condicional, ni el egoísta; amor al mundo, a uno mismo, a las ideas conciliadoras.

 

El “yo” es la parte de nosotros que a medida que crece en una cultura o sociedad concreta, empieza a adquirir “valores” y reglas de comportamiento, y generalmente se aleja de la esencia… Si a tu alrededor las ideas son la competitividad, la búsqueda de la felicidad basada en acumular bienes materiales, sentirte superior por el hecho de pertenecer a un grupo étnico o sociocultural, más alejado estará el “yo” del “ser”, y más alejados estaremos de encontrar la armonía.

 

El “yo” puede convertirse, y generalmente así sucede, en nuestro peor enemigo.

Imaginad una mesa, con un montón de cartas que marcan tu personalidad, cada una con características que puede ser entendidas como virtud o como defecto.

La vida es la mesa, ofreciéndonos las cartas, el “yo” es el que elige las cartas con las que juegas la partida, y muchas veces, guiado por una falsa idea de la felicidad, está escogiendo las cartas que nos llevan a justo todo lo contrario, a una vida repleta de “cosas” y, sin embargo, repleta de “vacío”.

 

Si empezamos a comprender esto, estaremos dejando al “ser” guiar al “yo, y empezaremos a tener una visión de la vida mucho más plena y positiva.  

 

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