Majandra: La cruel historia de una mujer trans peruana que le pidió asilo a España.

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Hagamos un ejercicio… Imagina que eres una niñita indígena que ha nacido en los años 80s en una zona de la selva amazónica del Perú.

Eres la pequeña de muchos hermanos, y vives en una familia muy tradicional, tan tradicional que hasta la fecha no han sido capaces de dejar de verte como un varón, por mucho que insistas en que te sientes mujer y por eso te vistes y actúas como lo hacen las mujeres que te rodean.

Cuando eras adolescente, hubo un incidente bélico en tu pueblo natal, y entre otras aberraciones que las guerrillas y los carteles de la droga llevaban a cabo allí, decidieron que todas aquellas personas que no expresaban un género tradicional o que formaban parte del colectivo LGBT+ debían morir y, con la motivación infame de propiciar un “marco de limpieza social”, así hacían. Fueron matando, con esa excusa, a muchas personas que ya expresaban desde hacía tiempo, con libertad, su condición. 

Tú aún no has decidido mostrarte tal cual, porque en casa malvives reprimida, pero ves como personas queridas y admiradas, que son referente para ti, son asesinadas. Eres testigo de ello.

De pronto, un periódico español, “El País”, viaja hasta tu pueblo y entrevista a varias persona, entre ellas, tú y con toda la información que obtiene, lleva a cabo la publicación de un artículo que será llamado: “Los indeseables de Tarapoto”.

Cuando cumples 15 años, la situación en casa es del todo insostenible, tan así que te ves en la necesidad de huir a la capital, Lima, si quieres de verdad vivir tu vida siendo tu misma.

A medida que vas desarrollándote y entendiendo cómo funciona el mundo, te haces consciente de lo importante que es conocer la legislación y los derechos que hay que tener presentes para sobrevivir; sobre todo como consecuencia del bagaje que cargas a tu espalda por todo lo vivido en tu pueblo natal, y porque vives en contacto permanente con el colectivo LGBT+, un grupo desgraciadamente vulnerado en tu país. A lo que le añades la circunstancia de ser indígena, que te afecta de manera trasversal con el resto de discriminación. Ello hace que inicies los estudios de derecho allá en Lima. ¡Cuál es tu sorpresa cuando te indican en la universidad que si permaneces mostrando una actitud y expresión femenina, jamás podrás cursar los estudios!

Tus ansias de libertad y de conocimiento hace que decidas traicionar tus ideas y valores, y vuelves a adoptar la apariencia masculina que te abre las puertas a tu objetivo. ¡Y lo consigues! Las cosas empiezan a coger buen color con el título oficial en tu poder y de nuevo mostrándote tal y como te sientes, como Majandra.

Un día 19 de junio, concretamente el del año pasado, 2018, en tu añorado pueblo instalan una placa en donde por fin se reconocían los crímenes por orientación sexual en esa zona, en los años 90. Ni 24 horas duró la alegría que te entró por el cuerpo, al ver resarcidas, de alguna manera, todas esas víctimas, pues al día siguiente llaman a tu puerta.

Te busca el Fiscal General del Estado, los líderes responsables de las guerrillas están a punto de cumplir condena, y como los hechos de los que venimos hablando no fueron tenidos en cuenta en aquella época, nuevos testimonios pueden hacer que un nuevo juicio tenga lugar, y no salgan de prisión en muchos años más. 

Tú, aún con el miedo que pueda causarte esta tarea, estás muy acostumbrada a luchar, y lo quieres  hacer encantada, ¡Qué mínimo! Todas esas víctimas lo merecen. Pero desde Fiscalía, cuando preguntas acerca de las medidas de protección que te ampararán, te informan de que no habrá ninguna.

Esto hace que exijas al Fiscal la protección necesaria, sobre todo teniendo en cuenta que estas guerrillas desde hace ya años tienen un gran número de personas de apoyo, que algunas de ellas ya salieron de prisión, que otras nunca entraron y que la gran mayoría dedican sus esfuerzos a reorganizarse y a tomar represalias contra todas aquellas personas que no les apoyan, y más enérgicamente, contra aquellas que dan su testimonio contra sus líderes.

La protección se te sigue negando. Vives en esa situación de duda cuando un día al salir de casa ves a dos individuos que, sin mediar palabra, sacan un arma de fuego y disparan hacia ti.

Consigues que no te maten los disparos, huyes entre matorrales y despistas a los asaltantes. Al mismo tiempo te haces consciente de que tu hogar, incluso tu país, que por nada del mundo quieres abandonar, no es ya un lugar seguro para ti.

Con la ropa que llevas puesta, y con los bolsillos prácticamente vacíos, empieza tu huida, tu exilio y tu pesadilla. Las asociaciones de tu país te van cerrando las puertas, o no son capaces de darte absolutamente ninguna solución, ni protección, ni asistencia. Las instituciones de tu querido país, menos, pues ni siquiera se admite como discriminación ser LGBT+, mayormente porque la ley que lo trata de instaurar por medio del congreso es tumbada constantemente por la mayoría conservadora.

La gente con la que puedes hablar te da como única opción abandonar el país, y así es como, sin haberlo jamás imaginado, acabas aterrizando en España.

Podías haber ido a Holanda, donde te acogían y protegían tres meses, pero el idioma y el hecho de que tras ese periodo volverías a Perú hacen que no sea una opción que realmente pudieras valorar, por lo que tus pasos te llevan a parar a una ciudad preciosa Barcelona.

Tienes tus ahorros, o sea que estás prácticamente convencida de que serás capaz de ir sorteando los obstáculos… sólo que, claro, con 20 euros en Perú vives una semana, en Barcelona la cosa cambia.

Buscas los mecanismos para solicitar ayuda internacional en España, y descubres que la mayoría de apoyo viene de parte de asociaciones y ONG’s que se encargan de guiarte y de darte apoyo en un proceso burocrático basado en directrices internacionales.

Contactas con la primera asociación, te dan cita para varios meses adelante. Reflexionas sobre tu situación: estás en la calle, sin ocupación posible y la entrevista oficial en la Oficina de Asilo, en el   departamento de extranjería de Policía Nacional, que es de vital importancia porque es donde se valorará tu petición, es en dos meses. ¡Pero esa asociación te da la cita para darte asesoramiento y guiarte en el proceso para semanas después de esa cita! Llamas a la siguiente en la lista, y nada. Te presentas personalmente en otra, y nada, contactas con muchas más… y todas están en la misma situación.

Afortunadamente tu estudiaste derecho y te sentiste capaz, dadas las circunstancias, de preparar tu propio escrito oficial, buscando modelos en Internet para hacerlo lo más acertadamente posible, y reflejando tus vivencias. Y así tuvo lugar la primera entrevista de la citada Oficina de Asilo.

Allí pasas por los mismos tragos que has pasado ya a lo largo de tu vida, te llaman por el nombre que aparece en el documento y no por tu nombre real, te hacen preguntas como si tratasen de descubrir que eres una delincuente, y en general te dan un trato muy distante y frio, tal vez olvidan que no estás ahí porque te hayan detenido por cometer un crimen, sino que estás solicitando protección porque es lo que necesitas, como víctima que eres.

Mientras tanto, te encantaría trabajar para poder pagar lo poco que consumes y tal vez empezar a tener una vida “normal”, pero no estas autorizada a trabajar hasta que la documentación lo permita expresamente, por lo tanto te queda poco margen. Has conseguido contactar con grupos de chicas trans migrantes en España en situación similar, y la propuesta que recibes cuando les expones los problemas en los que te encuentras es que te alojes en un piso donde practicar la prostitución. 

Nunca has hecho eso, y no está en tus planes hacerlo, antes mueres de hambre. Pero se te encoge el corazón al descubrir la cantidad de mujeres que han decidido tomar esa vía para poder escapar de la calle, donde tu aun estás.

Siente tuviste la impresión de que España es un lugar donde no hay discriminación hacia las personas trans, alguna vez viniste a algún congreso de derecho, y no la viviste, pero al parecer si que la hay, lo estás comprobando. Aún teniendo dinero para pagar el alquiler de una habitación en Barcelona, incluso varios meses por adelantado, se da la “casualidad” que de todas las entrevistas que has hecho, que son muchas, aún estando apalabrada ya la transacción, cuando te presentas en persona, acaban diciéndote que ya no está disponible. Tan es así que con mucha vergüenza pides a tus amistades allí que hagan ellas las gestiones de contactar, para que al menos tengas la opción de ver la habitación… pero de esa fase ya no pasas.

Con mucho pesar en el corazón y tragándote tu dignidad acabas durmiendo e instalándote en casas de esas amistades, en sus sofás o en cualquier rincón donde haya espacio. Mientras los plazos y el tiempo pasa.

Sigues sin autorización para trabajar, porque para eso deben pasar dos cosas, o que admitan a trámite tu solicitud o que pasen seis meses y se admita automáticamente por no haber resolución expresa en contra. Y aun no han pasado ni lo uno ni lo otro. Además, ayudaría que tu titulo estuviera homologado en Europa o que el proceso para hacerlo fuese más ágil, teniendo en cuenta tu situación de emergencia. Pero ni lo uno, ni lo otro.

Tratas de hacer un circulo de amistades y de incluirte en la vida de Barcelona, ¡Si hasta estás estudiando catalán!. Pero es complicado encontrar la motivación, sobre todo sabiendo que una vez se admita el trámite, cabe la posibilidad de que implique un traslado a otro país de Europa. Pero tu carácter social y tu afán de sobrevivir te llevan a hacerte voluntaria en algunas asociaciones de personas LGBT+, y también en algunos centros de personas mayores. Y cobrando en negro, consigues algún trabajo en el que cuidas de personas que lo necesitan o haces las tareas del hogar.

Sabes que a nivel internacional hay muchos derechos que una persona ostenta por el simple hecho de ser persona solicitante de refugio y asilo, y al mismo tiempo, eres consciente de lo que te han dicho en todos los sitios por los que has pasado. Que el sistema está saturado. Que a día de hoy hay 100.000 solicitudes pendientes, y solamente 8.000 plazas disponibles en sitios de acogida.

España es un país de acogida en el has depositado tus esperanzas, aún queriendo hacer sus deberes, las ONGs y asociaciones que en ahí hacen su actividad, aún volcando todo sus esfuerzos en la tarea, no son capaces de abordar el problema de manera eficaz. Todo está desbordado.

Es un problema global que debe tratarse desde todas las parcelas de la sociedad.  Primero, concienciando a los habitantes del planeta de cuales son los derechos que se tiene por el simple hecho de ser persona. Segundo, exportando estas necesidades a nuestros dirigentes políticos a nivel nacional y a nivel internacional. Tercero, creando unos mecanismos eficaces que asistan realmente a personas como tu.

Tú lo sabes, y aún así ni siquiera lo exiges. Porque te ves luchadora y superviviente. Tú solo quisieras volver a un país al que no puedes retornar. Solo quieres que no te maten. Y aún así tienes derecho a salir fuera de tu país y que te apoyen, protejan y asistan. Refugien y asilen.

Tenlo presente. Es un derecho que es tuyo Majandra, y que es de muchas más personas.

Tú has tenido la suerte, por así decirlo, de haber caído en las manos de “The Advocacy Project”, que humildemente organiza un almuerzo en el que reúne a componentes del parlamento aquí en España, componentes de algún ayuntamiento, personas de alguna otra institución y personas activistas, que van a escuchar atentamente tu relato y que van a tratar de mover conciencias allá donde les corresponda a cada una, o al menos, esa es la idea.

majandra

Pero no debemos olvidar a esas otras personas que no hablan castellano, que no han estudiado derecho ni están familiarizadas con las leyes, que no saben ni que significa o implica ser víctima, que no tiene ni un céntimo de euro o dólar en el bolsillo, que no saben escribir ni leer, que solo sufren en silencio y tragan y tragan, y que mueren por el camino.

Que esto se conozca es misión de todas las personas que hemos escuchado tu historia. Para que la gente que no lo sintió en primera persona, los de pie que están ocupados con sus propios problemas del primer mundo, para que los que tienen poder para cambiar las cosas, muevan ficha… Para que los derechos humanos nos hagan a todos humanos de verdad.

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