Mi hijo es gay

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Mi nombre es María Isabel, estoy casada y tengo tres hijos. Mi hijo mayor es gay, nació hace 25 años.

Desde pequeño no le llamaban la atención los deportes ni los juegos bruscos y le gustaban las artes, es muy talentoso en esa área. Con esto no quiero decir que los gustos y talentos denoten una preferencia sexual, pero como madre siendo muy observadora esto puede dar pautas para intuir que existe la posibilidad de una preferencia sexual en el hijo, que una no esperaba.

Cuando mi hijo entró a la adolescencia, yo observaba como las niñas lo seguían (porque siempre ha sido muy guapo) pero él no a ellas, aún así tuvo dos novias, pero lógicamente esas relaciones no funcionaron. En casa, veíamos señales de su atracción hacia los hombres la situación nos rebasó y nos refugiamos en los mecanismos de defensa de la evasión y la negación. En nuestra situación era muy complicado aceptar esa realidad, había visto estas situaciones en películas, escuchado en noticias o que le pasaba al primo del amigo del vecino, pero a nosotros, a nuestra familia, a nuestro hijo era algo surrealista.

Yo vivo en México desde hace más de diez años; en mi país, Guatemala, la sociedad es aún más cuadrada y tradicional comparándola con otras sociedades y si a eso le sumamos que yo en ese entonces practicaba activamente una religión muy ortodoxa, el encarar lo que se avecinaba no sería sencillo. En muchas religiones las personas gays no son aceptadas o son aceptadas con condicionantes lo cual hacía mi situación espiritual muy complicada. Yo me sentía entre la espada y la pared ya que también creía y defendía mi religión y la vida me puso una de las pruebas más grandes que he vivido. 

 

 

Familiarmente vivimos unas crisis realmente fuerte y dolorosa, mi hijo obviamente también estaba librando un proceso sumamente doloroso en solitario. Su rebeldía en ese entonces sacó  todo de control para nosotros,; mi otro hijo rechazaba a su hermano mayor y mi hija pequeña sufrió en silencio ese ambiente familiar. Mi esposo y yo teníamos constantemente discusiones ya que no lográbamos ponernos de acuerdo en como actuar. Éramos una familia deprimida. 

En lo personal, me da vergüenza decirlo pero yo también sentía rechazo por mi hijo y ese sentimiento tan desagradable se mezclaba con la culpa. Ningún hijo que siente el rechazo de sus padres puede sentirse valioso como ser humano, se necesita una gran sabiduría para salir adelante en un contexto así. 

Esa gran confusión me hizo buscar respuestas en otros caminos espirituales;  dejé la religión que practiqué durante cuarenta años de mi vida, ya han pasado ocho años de esa decisión. Con esto no sugiero que esa sea una solución, para muchas personas ya que su religión puede ser un refugio y su salvavidas para superar las crisis; en mi caso mi elección fue buscar, conocer y aprender de otras corrientes de pensamiento que a la larga han sido fundamentales para ir aceptando mi realidad como madre.  

También fuimos a muchas  terapias,  y los terapeutas nos recomendaban que dejáramos que mi hijo fuera quien nos comunicara sobre su preferencia y así paso mucho tiempo y las crisis seguían. Un día decidí que ya no podía esperar más, mi razón decía si, pero mi corazón no, ya no podía seguir dándole largas a la espera y aunque era una incertidumbre de como sería el momento y que pasaría después, la decisión ya estaba tomada. Procuré que ese día estuviéramos mi hijo y yo solos en casa y que no fueran a haber interrupciones y ese día llegó, fue una tarde ya hace algunos años.

Inicie la plática sin muchos rodeos y le hice la pregunta directa. Y la respuesta fue afirmativa, “si soy homosexual”. Era la respuesta más esperada por todo lo vivido, pero era la primera vez que de su viva voz me lo confesaba. Lo que vino luego fue una cascada de lágrimas y confesiones mutuas. Mi hijo me relató desde cuando el sabía que era gay, cuanto sufría y que se sentía malo y que iría al infierno, por el sistema de creencias que teníamos en ese tiempo, los momentos que el sufrió todo eso en total soledad y rechazo. Yo me sentí muy mal, muy culpable pero el poder tener la oportunidad de pedirle perdón de corazón fue inmensamente sanadora. Nos quitamos una carga tan pesada de encima. Yo guardo el recuerdo de esa tarde con mucho cariño, no digo que nuestra relación mejoró de un día para otro, pero ese momento fue clave para ir sanando y recuperando paulatinamente la relación, tenemos nuestras altas y nuestras bajas, pero lo amo y deseo inmensamente su felicidad.

Si alguien me hubiera dichos hace más de diez años que el día de hoy yo estaría defendiendo las bodas entre homosexuales o las familias homoparentales me hubiera ofendido; hoy me siento conectada e identificada con la causa.  Cuando hablo de el tema gay he visto como poco a poco va siendo parte de mi vida de la manera más natural. 

Cómo ser humano el vivir la experiencia de tener un hijo gay me ha ayudado a crecer, a ver la vida desde diferentes puntos de perspectivas, a aprender sobre tolerancia y flexibilidad. Se que la vida nos dará muchas experiencias más, mi intención es que el amor y la sabiduría estén presentes para beneficio de los dos y yo poder acompañarlo incondicionalmente.

María Isabel Galvadá