Monólogos para mi niña interior. #CosasDeChicas

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Dedicada a todas aquellas mujeres resilientes que siguen en la lucha por vencer las secuelas sufridas por haber sido violentadas… Las abrazo.

Entonces, tomé sus manos y le susurré al oído, ¡Qué bella estás! ¡Qué hermosa eres…!  Me abrace fuerte a su cintura y le grite desde muy cerquita a todos sus complejos y a todos sus demonios… ¡Váyanse…!  ¡Fuera de aquí…! ¡Aléjense que no me asustan…! ¡Lárgense que ya no son bienvenidos aquí…! ¡Ya no hay espacio para nadie más…! Y fue así que los logré echar, a todos, a cada uno de ellos, los expulsé…

Y después, la tomé suavemente entre mis brazos, acaricie con ternura su rostro, sonrojado y marchito por todas las veces que las burlas le calaron, por las miles de ofensas y las tantas traiciones que llenaron de cicatrices su hermoso rostro… Le dije calma, calma mi vida,  calma que ya se fue aquel monstruo que tanto daño te hizo… Respira mi niña, respira tranquila… Respira sin prisa, que mientras te tengas a ti misma, no te mojará ni la brisa…

Y al terminar de hablar, de su rostro salió una sonrisa, una modesta y tímida risa, esa que solo se consigue cuando logras cruzar la meta, esa que surge cuando rozas el alma, cuando tocas las entrañas, cuando las barreras se bajan, cuando los miedos se marchan… Esa pequeña pero intimidante sonrisa, tan llena de  todo, tan llena de nada, tan vacía y tan repleta al mismo tiempo, esa sonrisa que me sonríe a diario y me deslumbra en mi penumbra, esa sonrisa que me hace sonreír a mí, cuando paso junto al mar, o cuando voy sobre el río, cuando de frente tengo un cristal, cuando el espejo me mira de forma lastimosa, cuando me llena el cuerpo con espinas… A veces, recuerdo su risa y sale a flote mi escueta alegría…

Y la miré, la miré fijamente a los ojos, aquellos grandes y expresivos ojos color café, café clarito, café cálido, café nostálgico, café amargo…  Café dulce, café con tintes rojos, rojos de dolor, rojos de heridas, rojos de sangre, rojos de batallas perdidas y guerras fallidas… Sus ojos, sus expresivos ojos  azules, azul como el cielo que quiere ganar, azul como el mar en el que se quiere ahogar, azul como la tristeza que lleva en su andar…  Le vi sus ojos, ¡Negros..! Negros como la noche, negros como los gatos de mala suerte, negros como la muerte que a diario la viene a visitar, negros como su obscuro pasado, doloroso y traumático…  Negro como el abismo enloquecedor que quiere devorar sus sueños…

Pero finalmente llegue a su corazón, después de romper su impenetrable caparazón, junto a su artillería, a un ladito de sus infinitas barreras… y fue allí que entendí, fue estando ahí que pude comprender la fuerza vil que no cede, que no cesa, que no se rinde, que no se para, que a pesar de todo sigue en pie, sigue en la batalla, bailando al  ritmo que la vida le depara, escuché su corazón palpitar, sigue bombeando sin cansar… y llegando allí, me senté, tomé mi guitarra y le cante, me cante, nos cantamos… Surgieron Cálidas melodías que lograron calmarme, y la calmaron y nos calmamos, juntas, siempre juntas, siempre una a un lado, como fiel aliado, como un leal soldado…

Y.le dije bajito y después muy alto, Te amo, me amo… ¡Todo va estar bien…! ¡Todo va a andar y en paz te acostaras!  Dormirás tranquila porque todo saldrá, todo irá mejor que hoy, mejor que ayer… Y mañana todo estará, mañana todo estará como debe de estar… Te amo, te amo… ME AMOOO me susurre tierna y firmemente en el oído de ella… Ella… Ella que en realidad era yo… Soy Yo, Somos Ella y Yo.

By Vero Gil