REFLEXIÓN: ¿Cómo es ser gay y vivir con una familia homofóbica?

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No todo el mundo tiene la fortuna de nacer en el núcleo de una familia en la que acepten su orientación sexual. Y los que sí la tenemos, olvidamos a veces empatizar con las personas que han tenido un trayecto más complicado.

Imaginaos que vuestra familia es muy devota de una religión conservadora, y por eso vuestra infancia ha tenido lugar en un entorno que trata el tema de la homosexualidad como si fuera una idea del mismo Satanás; como algo pecaminoso, inmoral, horrible y contra natura. De alguna manera, esas ideas van adhiriéndose a tus neuronas, incrustándose en tus sentidos, hasta que llega un día en que te planteas que efectivamente, es todo eso.

Si eres una persona heterosexual que cumple con los estereotipos de la sociedad masculinizada en la que vives, no tendrá mayores consecuencias sobre ti; tal vez te conviertas en una persona con prejuicios hacia los homosexuales, bisexuales, y tal vez tengas más resistencia a aceptar la diversidad, o contemples rasgos de intolerancia en tu personalidad.

Si al desarrollar tu sexualidad, empiezas a descubrir que no cumples esos patrones esperados, sino que formas parte de ese porcentaje de la población que rompe lo tradicional, es muy posible que tengas un gran número de conflictos internos.

La homofobia interiorizada es, en una persona homosexual, como un veneno que corroe cualquier atisbo de felicidad. Tu estima se ve mermada cada vez que la idea aparece en tu cabeza, y eso tiene consecuencias.

No hay decisión que te haga feliz, porque sabes que si la dices en casa no te van a entender. Estás convencido que puedes incluso sufrir el rechazo de tu madre, de tu padre y del resto del núcleo cercano. Y esto, con quince años, no es fácil de sobrellevar. Ya no sólo porque tu percepción del mundo, de lo que está bien y de lo que está mal, es una calco de lo que has aprendido en casa, sino que tienes cierta dependencia física de ese lugar. Tu mente te dice que lo contrario sería un absoluto desamparo en algún sitio donde no tendrías ningún apoyo.

Esta situación de no entenderte a ti mismo, de darte asco, de odiarte… genera intentos de suicidio, te hace adoptar comportamientos auto-lesivos. Te lleva a formar una sexualidad basada en patrones de negatividad, en la que algo que debería ser placentero, se camufla de dominación, de frialdad, de inhumanidad. Para ti el sexo es una vía de escape de último recurso, con sabor agridulce. En la persona que tienes al lado dejarás parte de tu veneno, y para ti será un ser desgraciado más que te ayuda a hacer algo desagradable, un cómplice de un delito moral. 

Pues bien, todo eso ha sido el pan de cada día de muchísimas personas durante cientos de años, pero ahora el mundo es diferente; donde hace años no había salida, ahora sí la hay.

Existen grupos de personas que se reúnen para compartir sus inquietudes sobre estas mismas vivencias, donde hay profesionales expertos en “de-construir” ese sistema de valores envenenado, y construir uno nuevo, saludable.

Hay espacios donde puedes entrar en contacto con cientos de personas diversas, que viven la sexualidad de una manera  natural, sin barreras morales retrógradas, sin prejuicios, sin tintes de negatividad, tan solo un ser humano frente a otro ser humano, del que aprender a amar o a disfrutar de la sexualidad.

Y no solo eso, hay lugares donde acogen a personas que han tenido que abandonar su hogar porque ser ellas mismas les ha supuesto la expulsión. Hay alguna fundación que conoce esta circunstancia y ha decidido ponerse manos a la obra.

De esta situación queda un mensaje crucial, que para florecer, hay que instalarse en un sitio soleado, donde la luz te cargue las pilas y no permita que la oscuridad te atrape con sus estrategias controladoras. Es difícil desvincularse de una familia; eso también hay que tenerlo presente.

Tener una situación familiar de este corte puede ser visto como un impulso de la vida para que practiques el autoconocimiento, y que te fuerza, por la vía dura, a buscarte y a encontrarte, de tal manera que algún día seas capaz de convencerte hasta a ti mismo, de lo perfecto que eres tal y como eres. Ese es tu reto personal.

Es realizable, es posible, y en el camino estarás acompañado. Quizá no por quien esperabas, pero eso en el fondo carece de importancia, piénsalo.

Hay un mundo ahí fuera, que te espera y te acepta exactamente tal y como eres.

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