REFLEXIÓN: Mejor pregúntate cómo has llegado.

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El ser humano se desarrolló tal cual lo conocemos, en África. Durante miles de años hemos llegado a casi todas las regiones del planeta, y en ese proceso nos hemos cruzado una infinidad de veces con nosotros mismos.

Pero a veces se nos olvida que venimos del mismo sitio, que el planeta es de todos y que todas las personas tienen inherente el derecho personalísimo de la “dignidad”. Si tenemos la suerte de haber nacido en una zona favorecida, que mínimo que valorarlo, y no mirar para otro lado cuando aparece frente a nosotros una persona que no, y que busca un lugar donde construir una vida digna.

Hay varias razones por las que ciertas personas ven con recelo a las personas que migran, pero la principal es el inconsciente miedo a lo ajeno.

Debido a la educación que recibimos, que viene transfiriéndose de generación en generación, es una idea que está reforzando en nuestra cabeza desde que empezamos a desarrollarnos; Hay personas que llevan incluso al extremo esa idea, y dan por sentado q todo lo que pertenece a su grupo, es malo. Idea totalmente fuera de la lógica, pues una misma situación es vista como buena desde dentro y como mala desde fuera.

Somos animales de comunidad, con un fuerte instinto social, que nos lleva a desarrollarnos interactuando… Sabemos que las barreras creadas por “la sospecha”, son necesarias para una adecuada supervivencia, pero hay que saber encontrar el límite que nos permita seguir estando abiertos al mundo, aprendiendo de lo que los demás nos puedan aportar. A la hora de comunicarnos es importante no tener levantadas en exceso esas barreras. Si controlamos ese miedo a lo ajeno, a lo extranjero, podremos empatizar con mayor facilidad  con aquellas personas migran fuera de su tierra.

El tema de la desigualdad en el mundo y la pobreza extrema de algunos territorios es un problema de grandes dimensiones, cuya solución no somos capaces de abarcar, por lo que debemos entender que no es nuestra responsabilidad a nivel de individuo… A grandes niveles, es una tarea que corresponde a las instituciones políticas y sociales… Es un peso que no debemos cargar totalmente sobre nuestras espaldas.

Aún así, hay cosas que podemos hacer; acciones personales, muy importantes, como hacer aportaciones económicas, formar parte o ayudar a asociaciones que se dedican a la integración o a la asistencia de personas en esa situación. Incluso se puede ayudar simplemente dejándolas vivir y crecer como individuos, sin ponerles trabas sociales, manteniendo una postura de respeto a sus orígenes, no discriminando, actuando sin prejuicios, y trasladando estas ideas al educar a nuestros hijos.

 Cuando se habla de la integración hay gente que realmente se ve muy molesta por permitir que ciertas culturas expresen signos identificativos de sus orígenes y creencias, teniendo presente que estos no vayan en contra de la legalidad ni de lo aceptable socialmente. Es el caso de personas que se ven molestas por el hecho que se menciona, debe reflexionar porque le sucede; tal vez descubran que tienen miedo a perder sus propias señas de identidad… Miedo.

Si lo que pretendemos es tener una convivencia en paz, con respeto y tolerancia, el camino será tener apertura a las diferencias individuales y culturales, y facilitar la integración a nuestra sociedad, para que sea posible, de manera gradual, con las generaciones venideras.

Siendo conscientes de que vivimos en una era globalizada, hay y habrá cada vez más flujos migratorios, de personas que vendrán, y de personas que migraremos… por lo que es importante aprender a convivir y buscar la integración.

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