Reflexión: ¿Por qué ya no tengo fotos fumando?

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Es curioso cómo a través de mi “Yo de hace 9 años”, aprendí una gran lección. Me reencontré con vestigios digitales de mi persona en línea del 2009, en una antigua aplicación que solía estar dentro de Facebook; se llamaba Human Pets. Intenté ingresar con mi contraseña “mediana”. No funcionó. Entonces intenté con la nivel ninja y tampoco. Mientras estaba terminando el proceso de “¿ilvidi si cintrisiñi?” recordé el password que usaba cuando no tenía documentos oficiales de identidad en la nube, y listo.

Se abrió un menú tan anticuado como el de Facebook de 2007 ¿Se acuerdan que alguna vez hubieron como tres opciones de “estado” o “status”? Se mostraba a manera de “@“ y elegías @ “home”, “school”, “work”. Luego, mientras se actualizaba cada dos semanas, cambió y se limitaba a completar la oración “Rodrigo is ____ . Y sé lo que piensan, qué mezquino, ¿qué tiene de relevante haber usado Facebook antes de que se convierta en popular -y mandatario-? Si eso es algo bueno o malo no importa, yo lo conocí y usaba porque en la escuela que estaba de intercambio se decidió recolectar por ahí las fotos para el álbum escolar de la generación 2009, Henning High, Ottertail, Minnesota (era el único mexicano en un radio de cientos de kilómetros).

En fin. Entré a esa página y me encontré con un buzón de mensajes -con esas conversaciones de flirteo donde era muy difícil interpretar la preferencia sexual de con quien te escribías-, un precio en mi cabeza (que rondaba los 34,000 si de algo sirve saber), y un perfil muy similar a cualquier aplicación de ligue actual, incluida una galería de fotos.

Encontré algunas fotos aún hoy consideraría “con onda”, otras de vergüenza (no de las de vergüenza de ahora, más como el disfraz de Halloween que parecía una buena idea en aquel momento) y entre el resto, encontré una donde salía fumando un cigarrillo.

Me gustaron mucho, esa en particular; a excepción del cigarrillo. Pensé en hacerle una edición para quitárselo pero no insistí mucho en esa idea, porque lo único que quería saber era por qué me molestaba tanto.

Recordé las ganas intermitentes que tengo de dejar de fumar, la preocupación de que cada vez pasa más tiempo y no lo hago, o a las personas cercanas que se han ido a causa de fumar. Recordé también a la persona que me enseñó a fumar, un día de verano en la playa, bajo el radioactivo sol de Tabasco, y lo que más me molestó, la razón por la que comencé a fumar: moda.

Y  entonces vuelvo a verme, hace 8 años disfrutando de una tarde en calzones frente a la computadora, fumando despreocupadamente, soñando en lo que sería de mi vida una vez que termine la universidad y platicando con extraños e inadaptados como yo en internet, y quisiera susurrarme al oído: “deja de fumar idiota”.

¿Te han dado esas ganas interminables de querer dejar algo pero no puedes? Cuéntamelo en mi perfil oficial de MOOVZ, la red social LGBTQ.

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