TRANS: La Segunda Adolescencia

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Jess Márquez es un hombre trans que comenzó la transición hormonal en mayo de este año.

Ese no eres tú. Ese que ves en el espejo que tiene senos, cadera y cintura no eres tú. Has hecho todo lo posible para que la imagen que tienes sobre ti mismo coincida con lo que ves en el espejo. Has comprado ropa y zapatos de hombre en tiendas americanas de San José, te has cortado el pelo lo más corto posible, no usas aretes ni te maquillas. De por sí, siempre lo has aborrecido.

Eso no es suficiente. Miras tu reflejo y no logras encontrarte. No logras encontrar a Jess; solo ves a Jéssica. Pero estás dispuesto a todo con tal de encontrarte a ti mismo, con tal de ser quién realmente eres.

Ves el reloj. Son las dos y media de la tarde. Has estado dando vueltas por todo el apartamento desde hace media hora. No sabes qué hacer. Los nervios y la emoción se apoderan de ti. Tus manos sudan y tu corazón se siente como si estuviera a punto de estallar.

Ya es hora. Vas a tu habitación, tomas tu maletín y sales del apartamento. Aún no es hora pico, así que no habrá mucha presa; sin embargo, hoy es viernes. Para ser precisos es viernes 3 de marzo del 2017. Tu cita es en el Centro Médico Los Yoses. Debes tomar dos buses para poder llegar hasta allá. Con todo eso en mente, calculaste salir una hora y media antes de tu apartamento en Rohrmoser para poder llegar a tiempo a la cita.

Caminas por unos cinco minutos hasta llegar a la parada. Tu cuerpo se mueve en dirección a tu destino, pero tu mente divaga. No puedes evitar pensar en todo y en nada. Pero de algo estás claro. Quieres hacerlo. Siempre lo has querido y no estarás realmente cómodo contigo mismo a menos de que lo hagas. Tu mirada es tímida pero decidida. No hay marcha atrás.

Subes al bus y varias personas se te quedan mirando. Estás acostumbrado. Como siempre, te sientas en uno de los últimos asientos, uno cerca de la salida, para evitar miradas incómodas, comentarios ofensivos; e inclusive, para huir lo más rápido posible en caso de que alguien quiera agredirte.

 

Miedo

Vives con miedo, con temor a siquiera salir de tu apartamento. Pero todo ese miedo, todo ese pánico no te va a frenar. No ahora. Decidiste vivir sin miedo desde el momento en que huiste de la casa de tu madre, Catalina Gaspar. Aún recuerdas lo difícil que fue. Pero era necesario. Si no te ibas, te mataba.

Tus recuerdos de sus agresiones y malos tratos te golpean como una ráfaga. No recuerdas algunas cosas, pero en tu mente se recrea una escena en particular.

Ambos estaban en el comedor de la casa. La discusión aumentaba cada vez más la intensidad. Recuerdas muy bien cuando te dijo “Eres una mierda y siempre vas a ser una mierda” “Nunca vas a ser exitoso” “No vas a tener una familia” “Yo no tengo hijos gays ni lesbianas. En mi techo no vive nadie así”. Ni siquiera te molestaste en decirle que no sólo eres lesbiana, sino que también eres hombre trans. No lo entiende, ni siquiera sabe que eso existe.

Ella comenzó a acercarse poco a poco a ti. Con cada frase que decía, tu madre lanzaba cosas. Primero fue un control remoto, luego un adorno, hasta lo último que recuerdas que te tiró: una silla.

En tu interior, temblabas de miedo; pero te mantenías firme y defendías tus razones. Esperabas que dentro de ella aún quedara algo de razón y aprecio por ti, pero no lo encontraste. Tus esperanzas de que eso ocurriera se vieron rotas cuando dijo “Te voy a matar”.

Al mirar sus ojos, llenos de rabia, comprendiste que estaba fuera de sí, que no era una amenaza vacía. Ya te había golpeado antes, pero esta vez era distinto. Si te agarraba, no se iba a detener hasta matarte. Respiraste profundo y obligaste a tu cuerpo a que se moviera. Una parte de ti estaba paralizado del pánico, pero pudiste salir corriendo y encerrarte en tu habitación.

Recuerdas el sonido de tu madre tratando de derribar la puerta. El mismo sonido que te atormenta todas las noches. Han pasado años, pero lo recuerdas como si hubiese sido ayer. Esa no fue la última vez que amenazó con matarte.

 

“Qué Playo”

Sin darte cuenta, llegas a San José. Te diriges al bus que te llevará a Los Yoses. Caminas por las calles capitalinas en medio de miradas que te juzgan, que no saben quién eres ni cómo referirse a ti.

La sociedad pasó de agredirte por ser mujer a quedarse viendo, inseguros de cómo identificarte con tu género. Puedes imaginar lo que están pensando: eres una mujer muy masculina o un hombre gay. Varios hombres pasan a la par tuya y te gritan: “Qué playo” o “Miren al playazo ese”. Los ignoras. Te has hecho un experto en eso; sin embargo, no puedes evitar que duela.

Revisas la hora en tu teléfono. Son las tres y quince. La cita es a las 4 de la tarde, así que aún vas temprano. Subes al autobús y vuelves a hacer lo mismo de siempre. Te sientas en uno de los asientos traseros y esperas que el tiempo pase rápido para llegar a tu destino.

Te bajas por el Auto Mercado de Los Yoses. Quedaste de verte ahí con tu mejor amigo Fabio para ir juntos a la cita. Se saludan y caminan juntos hacia el centro médico. Llegan cinco minutos antes de lo esperado. La secretaría nota su presencia y los saluda en tono cortés:

– Buenas tardes.

– Buenas tardes. Vengo a una cita con el endocrinólogo, Alejandro Cob.

– ¿Jess Márquez?

Asientes. Una chispa de emoción surge en ti. Puedes notar que algo es, por lo menos un poco, distinto. Tus idas al doctor han sido frustrantes. Suelen referirse a ti en femenino y usar el nombre Jéssica, pero esta vez no ocurre así. Probablemente sea porque al llamar, te referiste a ti mismo con ése nombre, pero en estos momentos nada puede cambiar tu optimismo.

– Pase a la sala de espera y en un momento el doctor le atenderá.

La sala de espera es pequeña con un televisor y una mesa con revistas y libros para hacer el tiempo más ameno. Nada puede hacer que te calmes. La impaciencia y los nervios se apoderan de ti. No sabes qué hacer mientras esperas. Pasaste cuatro meses ahorrando para poder pagar la cita y el momento por fin ha llegado.

Tu aún no lo sabes, Jess, pero en junio del 2017 la Junta Directiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), aprobará un acuerdo para que las personas trans puedan recibir tratamiento hormonal y psicológico.

La institución deberá realizar en un plazo de tres meses, un protocolo de atención terapéutica para esta población. Según el director de la CCSS, José Luis Loría, se trata de unas 100 personas que podrán recibir este beneficio.

Desde que comenzaste tu transición hasta que te inyectaste la primera dosis de testosterona, calculas que has pagado aproximadamente unos $1500 entre consultas psicológicas, el endocrinólogo y las hormonas. Sabes que aún falta más.

 

¿Jess?

Fabio se sienta a la par tuya y no cruzan palabra. Comienzas a temblar y él solo sostiene tu mano como muestra de apoyo. Pasan 10 minutos hasta que el doctor llega. Los 10 minutos más largos de tu vida. El doctor te saluda y te indica que pases al consultorio. Fabio te acompaña.

– Entonces, ¿el nombre en masculino que utilizas es Jess?

Solo logras asentir. No sabes que pasa que no puedes articular palabra. Has soñado con este momento. No es momento de acobardarse.

-¿Cuántos años tienes?

-27.

-Te voy a hacer algunas preguntas de protocolo, Jess. Primero, ¿ya estás viviendo completamente como hombre?

-Sí. Desde junio del año pasado me declaré abiertamente. Le dije a mis familiares y amigos más cercanos que soy un hombre trans. En diciembre decidí que quiero someterme al tratamiento hormonal.

Antes de que decidieras ir a consulta para el tratamiento hormonal, pasaste varios meses investigando sobre la testosterona. Encontraste que la hormona es muy agresiva a nivel físico, tiene efectos irreversibles, afecta el hígado, la circulación sanguínea, el cerebro y cambiará todo tu sistema hormonal.

Además, manejar la transición a nivel psicológico es muy duro. Vas a pasar por una segunda adolescencia, como tú mismo dices, la adolescencia correcta por la que tuviste que haber pasado desde un inicio. Para garantizar que no vas a tener una crisis, debes tener el acompañamiento de un endocrinólogo y un psicólogo, y cada tres meses tienes que hacerte exámenes de sangre para verificar que todo está funcionando bien a nivel corporal y hormonal.

Eres sensato. Optarás por seguir al pie de la letra las indicaciones del médico. Conoces casos de personas trans desesperadas que consiguen el tratamiento hormonal ilegalmente, se auto medican, no cuentan con supervisión médica y terminan con tumores, fallas hepáticas y más.

-¿Cuentas con el apoyo de tus familiares?

-Sí. Bueno, solamente con el apoyo de la familia de mi papá. Más que todo, mi papá y mi hermano mayor.

-¿Por qué quieres tomar testosterona?

-Quiero lograr varios cambios en mi cuerpo. Una voz más grave, tener más vello facial, no tener cintura ni cadera, tener más masa muscular y tener un pecho más plano.

El endocrinólogo te mira fijamente, asiente y anota en una libreta cada detalle del que hablas.

-Muy bien. Ahora vamos a revisarte para ver si todo está en orden.

Te sientas en una camilla, el doctor va en busca de los implementos que necesita. Mientras, comienzas a balancear tus piernas como si fueras un niño, esperando a que el regrese. Parece que los nervios no piensan dejarte. Te pide que te acuestes y te examina. Comienza palpándote el hígado para asegurarse de que todo esté bien. Luego te revisa la piel, pide que te levantes y te mide la cintura y la cadera. Te pregunta por tus hábitos alimenticios, te realiza un examen de sangre y te pesa.

El doctor Cob te dice que estás perfectamente bien de salud. Te explica que no tienes que realizarte el resto de exámenes por los que las personas trans deben pasar antes de someterse a un tratamiento hormonal, pero que estás bajo de peso así que deberás subir 5 kilos antes de inyectarte la primera dosis.

Voy a darte la receta médica por 3 meses para que podás comprarte las inyecciones de testosterona. Es una dosis por mes y la marca se llama: Sostenon. Pueden valer entre 9 mil a 12 mil colones dependiendo de dónde las compres. Después de la tercera inyección, tienes que hacerte una serie de exámenes hormonales. Esos los traes al consultorio para que pueda revisarlos y a partir de ahí, decidir si te mantengo o aumento la dosis.

 Caja con la primera inyección de testosterona de Jess.
Caja con la primera inyección de testosterona de Jess.

 

No sabes cómo reaccionar. Asientes a todo lo que el doctor dice, recibes la receta, tu receta, y le agradeces. Del consultorio al escritorio de la secretaria no es mucho, pero caminas con las piernas temblando. Guardas la receta en tu maletín, sacas la billetera para pagar la consulta y sonríes nerviosamente.

Al salir del centro médico, Fabio y tú caminan unos pocos metros hasta llegar a la parada. Aún no puedes creerlo. No puedes creer que después de todo lo que has pasado ya tengas tu receta. Fabio te pregunta que cómo te sientes. Has estado muy callado y eso le asusta. De tu boca no salen palabras. Lo único que te queda es abrazarlo. Lloras y lloras de felicidad. Tu alivio es enorme. Por fin vas a verte como la persona que deseas ser.

Le dices a Fabio que si puede acompañarte a la farmacia más cercana. El 6 de mayo del 2017 te pondrás la primera inyección. Y comenzará tu segunda adolescencia.

 Receta médica de Jess para poder comprar su primera inyección de testosterona.
Receta médica de Jess para poder comprar su primera inyección de testosterona.

 

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*Publicación original de Valery Castro Ujeda para Diverso Magazine.

*Crédito Fotos: Jess Márquez Gaspar