TRANS: Mamá Hombre, Identidades Protegidas

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Tú eres como la Maga de Cortázar. Especial. Mágico. Al menos así lo eres para Pedro*, tu hijo de 10 años. Por eso vas esta tarde de abril, un jueves, a buscarlo a la escuela: necesitas hablar con él, tienes algo importante que decirle.  

Tienes 38 años pero hay muchas cosas que aún ignoras. Tal vez hoy lo haces menos que hace cuatro meses, cuando invitaste a tres muchachos que se identifican como hombres trans, a participar de uno de los dos programas de radio que salieron en frecuencia AM durante seis años.

Era un sábado a las 9:00 am cuando comenzaste a conversar con ellos. Como activistas, conocen todos los conceptos y fueron explicándoselos durante dos horas a tus radioescuchas, pero también a ti. Los oyes definir la identidad de género como una construcción social en torno a dos categorías, hombre o mujer, que varía de una a otra cultura y que supone una serie de formas de ser, de actuar y de vestir.

Ellos se identifican como hombres transgénero, porque nacieron con un cuerpo femenino pero su identidad de género es de hombre.  Y para tu asombro lo que has sentido toda la vida ahora tiene un nombre, tiene forma.

Desde ese momento supiste que tenías que decirle a Pedro. Es tu mejor amigo y tu único hijo. El centro de tu mundo porque te dedicas absolutamente a criarlo desde que el nació, y lo haces en aquella cómoda y grande casa de tu infancia a la que volviste.

 

 

Derechos y Espacios

Por eso empezaste a pensar cómo manejar el haberte reconocido como hombre. Ahora, Maga, caminas por las calles cerca de tu casa rumbo a su escuela y repasas en tu mente la estrategia que usarás para hablar con él. Como eres psicólogo de la Universidad de Costa Rica, eso lo hace más fácil pero también más difícil. Has pensando desde diversas perspectivas cuál será la mejor forma para no crearle una gran confusión.

Te sientes preparado para afrontar la conversación con Pedro, porque durante años has tenido un alterego, una figura en redes sociales y en ese programa de radio que tuviste, una identidad cibernética femenina “Maga Enamorada”, en la que combinaste tus conocimientos sobre la mente humana con tu curiosidad por las leyes, aunque no eres abogado.

El resultado fue un espacio en el que velas por los derechos humanos y le das consultoría gratuita a personas en casos similares a los tuyos, grupos o familias vulnerables que requieren ayuda y apoyo. También una voluntad de aportar a esta lucha de Derechos Humanos.

 

25/11/04 Corte Interamericana de Dercho fachada Esteban Monge

                                                                          25/11/04 Corte Interamericana de Dercho fachada / Crédito: Esteban Monge

 

Fue en 1969 cuando Costa Rica ratificó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, de la Organización de Estados Americanos (OEA). Más adelante, se convertiría también en sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), el máximo ente jurídico de este organismo.

A pocas cuadras de tu casa, Maga, el 16 de mayo este año sucedió algo que cuando te asumiste como hombre trans considerabas impensable: la Vicepresidenta del país, doña Ana Helena Chacón, realizó una consulta ante la Corte junto a parejas de hombres y mujeres homosexuales.

En este hito histórico, realizaron la consulta sobre la necesidad de crear mecanismos en el país para permitir que las personas trans puedan cambiar su nombre del que le asignaron al nacer al que eligieron. También sobre los derechos patrimoniales de las parejas del mismo sexo.

 

 

La Verdad

Con Pedro lo que harás es simple: le dirás la verdad. Le explicarás todo lo más claro posible, como has hecho desde que nació, desde que empezó a apuntar con su dedito de niño alegre al mundo en una pregunta silenciosa, desde que a sus 5 años llegó a la edad de “los porqués”, y tu se los respondiste todo de una forma apta para un pequeño, pero sin cuentos de cigüeñas ni otro tipo de fábulas.

Hace sol y calor en aquella tarde, así que al menos tienes la tranquilidad de que no van a mojarse de regreso, porque ya casi llegas. Frente a la puerta de la escuela, lo recoges, él te da un abrazo y le cargas el bolso y la lonchera.

Mientras te cuenta de su día en su mundo de niño, no puedes evitar perderte preguntándote si él ya se habrá dado cuenta de lo que sucede. Probablemente sí, los carajillos se dan cuenta de todo, dice tu mamá, y él tiene que haber notado que te cortaste el cabello corto Maga, que empezaste a usar ropa diferente, ancha, que tus gestos también cambiaron y que, ahora, tu aspecto es muy andrógino, es decir, que tu forma de expresar tu género es ambigua y es difícil saber si eres hombre o mujer.

Silueta de un hombre

 

Esos mismos hombres trans que fueron a tu programa de radio, luego te apoyaron y te ayudaron. Has descubierto que cada uno vive la experiencia como hombre trans de una forma diferente. Para empezar, dos de ellos están tomando testosterona para cambiar sus cuerpos y hacerlos más masculinos, y usan binders, unas camisas que comprimen los senos y los ocultan.

Sabes que ellos sienten lo que, descubriste, se llama disforia de género. Maga, cómo te molesta que la psiquiatría, especialmente por ser psicólogo, quiera convertir en una enfermedad mental el que una persona como tú pueda sentir que su identidad de género con la que se identifican no coincide con su cuerpo. Muchas veces, sientes, la psicología viene desde un lugar en el que lo diferente es considerado patológico. Y no es así.

 

 

La Hora del Café

Llegan a casa, saludan a la abuela y lo llevas a la cocina. Es la hora del café. A tu pequeño le das frutas, tú comes galletas especiales porque sufres de intolerancia al gluten, y eso hace que tu sistema inmunológico se defienda de este componente que está presente en demasiados alimentos atacando a tus organismos y tejidos.

Taza de café

 

Pero tú lo tienes muy claro Maga. No escondes tus senos, al contrario, eres activista de la lactancia materna y entiendes cuál ha sido la función de ellos en tu vida. Tu pecho es de varón aunque sea biológicamente hembra. Tampoco luchas por verte como un hombre cisgénero, es decir, como aquellos hombres que nacieron en un cuerpo masculino, y tampoco tomarás hormonas. Eso no es posible por tu condición de celiaquía.

Tal vez por eso, querido, no buscas transformar tu cuerpo: sabes que sería una locura llenarlo de testosterona, o hacerte una operación para quitarte los senos o para cambiar tus genitales, como muchas personas trans. Pero es maravilloso porque el tener esta condición también te ha dado una comprensión y aceptación de tu cuerpo así como es, por eso no estás inconforme con él.

 

 

Mi Nombre

Pedro se sienta a hacer la tarea durante una hora, pero sabes que terminará rápido. Mientras lo ayudas con las tablas de multiplicar y los adverbios, piensas en las posibles preguntas que te hará. Probablemente, la primera será si te cambiarás el nombre. Mucha gente te lo pregunta.

En el país para cambiarte el nombre legalmente a Alejandro, tendrías que hacer la solicitud ante el Registro Nacional, y luego pasar por un juicio, costoso y frustrante, para ver si un tribunal te otorga la posibilidad. La otra opción es colocarte bajo el “Alejandra”, el “conocido como” Alejandro, pero eso todavía es discriminatorio. Hay un proyecto, la Ley de Identidad de Género, que busca que el juicio sea sustituido por un proceso burocrático sencillo y que no pueda ser negado a nadie.

Pero no lo harás. No sientes la necesidad de hacerlo porque en ti no hay un rechazo hacia el nombre que tus padres te dieron al nacer. Te llamas Alejandra, pero igual todo el mundo te dice y te conoce como Maga.

 

 

Mariposas en el Estómago

Pedro acaba la tarea y como premio lo llevas al patio para disfrutar las últimas horas de sol antes de que termine esta preciosa tarde de agosto. Es el momento de tener la conversación. Aunque sabes qué dirás, aunque te has preparado para esto durante semanas, aun así sientes “mariposas en el estómago”, tus pulsaciones se aceleran, como si estuvieras enamorada.

Sabes que así como tú eres y serás víctima de discriminación en Costa Rica, él también puede serlo por ser tu hijo. Viven los dos en un país conservador socialmente, que espera ciertos comportamientos de las mujeres y ciertos comportamientos de los hombres.

¿Cómo esperar que en ese espacio, donde las personas trans son agredidas en la calle, en las escuelas y colegios, en los trabajos, en los consultorios médicos y en los baños públicos la gente entienda que tuviste un hijo, de tu vientre, pero eres un hombre?

Estás tranquila Maga, porque sabes que todo saldrá bien.

 

 

El Niño de tus Ojos

Siluetas de dos personas

 

Buscas al niño de tus ojos, lo sientas sobre el zacate y te sientas tú frente a él, lo miras a los ojos y le explicas lo que te sucede, tal como lo harías como un adulto. Con toda honestidad le dices que te has dado cuenta que eres un hombre transgénero. Él te mira sin entender y continúas explicándole una idea muy sencilla pero que para muchos parece complicada: “no depende únicamente de la biología ser hombre o mujer”.

Pedro escucha, se levanta y le da un patadón a la bola de fútbol y, luego de unos segundos de silencio, regresa hacia a ti a verte como el hombre que eres y te dice “está bien, eres una persona adulta y puedes tomar tus propias decisiones”, y te da un abrazo. Tal vez ya no sea tan niño como piensas.

Comprendes entonces que la discriminación se enseña y se aprende, y tu hijo no discrimina. Él sólo acepta con los brazos abiertos. Ustedes son y seguirán siendo familia, y no necesitan que les den el permiso para hacerlo. Sólo desean que nos los invisibilicen: otro tipo de familia es posible.

Y así te conviertes en la “mamá – hombre trans”, y así te ama. Una Maga, su Maga, mágico y especial.

 

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Publicación original por Jess Márquez Gaspar de Diverso Magazine.