Diferencias en el amor de los 20 a los 40

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Desde los 17 empecé a experimentar, a entrenarme en esto del amor y el sexo. Nunca le tuve miedo a nada y siempre defendí mis sentimientos por encima de todo. Aunque a los 17 uno todavía no sabe distinguir bien entre berrinche y sentimiento. Recuerdo que me decían: “me saliste más cabrón que bonito”.
A los 21 años me topé con unos ojos azules y un cuerpo maravilloso que me hicieron pagar mis berrinches del pasado. Él era mayor que yo 5 años, entonces descubrí lo que eran las mariposas en el estómago, el sonreír al pensar en alguien, la ilusión del presente sin medir consecuencias.

Descubrí que en mi naturaleza estaba entregarlo todo por alguien y eso me fascinó. Él me deslumbraba, lo admiraba y en esa nube de ensoñación viví mi primer enamoramiento. Podría decir que fue mi primer novio, solo que a los pocos meses me enteré de que había algo extraño en esa relación… él era mi novio pero yo no el suyo. ¡Zaz!  (se escuchan platos rotos y se hace un silencio forzado) Se acabó el cielo de sus ojos y empezó el infierno de mi drama. (se escuchaban en mi cabeza todas las novelas tontas que llegué a ver con mi mamá y las canciones de Lupita Dalessio).

También descubrí que en mi naturaleza existía el drama, el llanto, la desolación, el orgullo y el rencor del primer amor.

A los 30 todavía uno va a sus citas amorosas sin saber bien cómo actuar. Uno ya tiene experiencia pero sigue pretendiendo cambiar al mundo, o por lo menos la forma de reaccionar de los seres humanos aún cuando no hemos podido cambiar ni la nuestra. Esto aplica tanto a hombres como a mujeres con sus diversas variantes sexuales.

A los 30 por lo regular, o queremos sexo y punto (somos fríos del corazón y calientes del cuerpo), o asumimos la postura de víctimas si nos entregamos a una relación y las cosas no funcionan como esperábamos.

Podría decir que en este escalón de nuestra vida seguimos siendo un tanto idealistas y dramáticos. No generalizo, pero aún me acuerdo de mi y tengo muchos amigos trein-TONES que, como interventor de gobernación, dan fe de legalidad a lo que estoy diciendo.

 

Cuando llegamos a los 40, una de dos: o ya se amargó uno y se volvió frío como el viento y peligroso como el mar o ya le agarró gusto a no tener pareja, ya aprendimos a pasarla bien solteros con amigos, familia y amantes. Creo que el segundo es el panorama ideal siempre y cuando uno no esté cerrado al amor, a conocer a otra persona, a compartir y a asumir compromisos como verdaderos cuaren-TONES.

Estar sin pareja tiene mucho encanto, uno tiene todo el tiempo para pensar en uno mismo y darse gusto. Sin embargo, demasiado de esto creo que puede volvernos un poco egoístas y quizás insensibles si no nos mantenemos conscientes de nuestras acciones y forma de pensar.

Yo se que cada ser humano es distinto y la edad no es una determinante en cuanto a conciencia ni madurez, pero las décadas en nuestra vida sí nos van marcando y le van dando forma a nuestra personalidad y aspiraciones.

Con los años, o nos debilitamos y dejamos de creer en el amor de pareja, o nos hacemos más fuertes, más libres y aprendemos a disfrutar lo que hay. Y si hay una pareja, la disfrutamos sin idealizar y sin tanto drama de por medio.

Conclusión:
Seamos como seamos, tengamos la edad que tengamos, llevemos los años como los llevemos, el amor siempre llega, aunque no estemos preparados para hacer que se quede a nuestro lado.

 

Que cada quien disfrute sus 20, 30, 40, 50… años y todo lo que tenga que ver con ellos.

 

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